EMAIL FORO NOTICIAS ( 30/9/2010)
 
 

HISTORIA


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La vida para Heather dará un giro de 180º cuando, lo que parecía un fin de semana cualquiera en un Centro Comercial de su ciudad, se convierta en una pesadilla, con ella de protagonista. ¿Conseguirá escapar de ella o la absorberá hasta llevarla al más puro terror?


Gracias a Daniel Taroconte por ayudar en la realización de la historia.



Tarde de Compras, Noche de Tinieblas

Sueños. Imágenes subconscientes que invaden nuestra mente durante los momentos de reposo. Científicamente hablando podría decirse que los sueños no son más que imágenes que irrumpen en nuestra mente, sin que en la mayoría de las veces podamos controlarlas. Los sueños pueden llegar de forma apacible, brindándonos imágenes agradables y que cumplen con nuestros deseos reales. También existen los sueños que representan nuestros miedos, mostrándonos imágenes atroces y situaciones en las que realmente más de uno acabaría muriendo de angustia. Estos sueños son las llamadas pesadillas.

Muchos creen que los sueños tienen un significado más profundo, que no existen por que sí, si no que cada sueño tiene una razón de ser, por más simple que pueda resultar. Esto resultó ser verídico en el caso de Heather Morris, una chica de 17 años, rubia, de aspecto infantil y desordenado, pero niveladamente atractiva. Cuando tuvo el sueño que daría comienzo al capítulo más importante de su vida, se hallaba en la cafetería de un centro comercial, en Portland. Sin saber como, se había quedado dormida mientras tomaba algo para relajarse del típico día de compras que cualquier chica normal y corriente podría tener.

Cuando despertó, se encontraba confusa, exaltada, ya que el sueño que había tenido no había sido exactamente lo que llamaríamos normal. En él, ella se encontraba en un parque de atracciones, pero algo siniestro y diabólico se escondía tras ese parque. El ambiente era desolador, el suelo consistía en verjas de metal oxidado llenos de aberturas hacia el vacío, contenedores con cadáveres en su interior, cuerpos de la mascota del parque empapados en sangre y hordas de monstruos merodeando la zona. Es como si en su propio sueño hubiera hecho una visita al mismísimo infierno. Esquivando a los monstruos ella avanzaba como podía hasta llegar a una montaña rusa, donde hallaba la muerte.

Guardando su colgante por debajo de su camiseta y su cazadora marinera, Heather salió de la cafetería para llamar a su padre, avisándole de que ya volvía a casa, a la par de que le comentaba como le había ido el día y que no había encontrado lo que le mandó. Una figura acechaba a la muchacha tras una esquina. Una figura robusta, de un hombre maduro, posiblemente de unos 50 años, vestido con una gabardina y un sombrero, como si se tratara del típico detective de las películas de los años 50.

Efectivamente, cuando la chica colgó el teléfono, se percató de que el hombre la seguía. Heather decidió ignorarle, pero el hombre la detuvo y se presentó. Su nombre era Douglas y era un detective privado. Ella prácticamente pasó de largo, apenas haciendo caso de las palabras del hombre. Sin embargo, Douglas insistía en hablar con ella, que tenía algo importante que decirle acerca de su nacimiento. Morris con tono burlesco, no dejaba de omitir cada palabra que pronunciaba Douglas. Siguió andando hasta el cuarto de baño, pero el hombre aún la seguía. Finalmente llamó la atención al detective, a lo que respondió que le esperaría fuera. Obviamente, Heather no había entrado en el lavabo por necesidad, si no por que quería de alguna manera librarse de aquel tipo. Nada más entrar, salió a un callejón en un lateral del centro comercial, a través de la ventana del baño. Desgraciadamente era un callejón sin salida por ambos extremos, así que no tuvo más remedio que volver a entrar al centro comercial. Suponía que le sería más fácil salir por la puerta principal así que se introdujo por una puerta a unos metros de la ventana por la que había salido.

Ahora se encontraba, en las oficinas del centro, pero extrañamente no había un alma por los alrededores. Tampoco es que pudiera entrar a ninguna de las habitaciones así que fue directa hacia la parte comercial. Cuando llegó de nuevo a la parte comercial, se percató de que toda la muchedumbre que poblaba hace unos instantes el centro comercial había desaparecido. Los negocios también parecían haber cerrado. Sin embargo halló una tienda de ropa que había visitado antes, entreabierta, así que se decidió a entrar. Nuevamente, dentro de la tienda no encontró a nadie pero en el suelo vio que había una pistola y sin saber por que la recogió. De pronto un sonido escalofriante arremetió en sus oídos. A su derecha encontró una figura extremadamente atroz, una criatura que debía medir casi 3 metros con largos y robustos brazos y el cuerpo putrefacto de color marrón. Parecía devorar lo que parecía ser un ser humano. La criatura sintió la presencia de Heather y se acercó lentamente a ella. Ella, aterrada disparó contra la criatura hasta que se quedó sin munición. Por suerte eso bastó para que el horrible monstruo cayera dejando a una estupefacta Heather más tranquila. De todas formas, no podía entender que estaba ocurriendo, y decidió que lo más sensato sería volver cuanto antes a casa y avisar a su padre, el sabría que hacer.

Morris se abrió paso a través del centro comercial, tanto por la parte comercial como por las oficinas. Por su camino se topó con varios monstruos más igual que el que había matado en la tienda de ropa, pero ella no tenía ni la fortaleza ni la munición necesaria para hacer frente a todos ellos así que los evitaba siempre que podía. Por suerte, encontró dos negocios abiertos, una panadería y una tienda de libros donde halló el camino correcto hacia la salida.

Cuando cruzó la librería, se encontraba nuevamente en un pasillo de oficinas, pero esta vez encontró a un ser humano vivo. Se trataba de una mujer joven, de pelo largo y rubio, bella en cierto modo pero de tez muy pálida y con un aura siniestra. Heather preguntó si sabía que había pasado y de donde venían esos monstruos. La mujer, que se presentó como Claudia, afirmó que solo se hallaban ahí para presenciar el principio. También se dirigió a Morris como la que les guiaría al Paraíso con las manos manchadas de sangre, y que debía recordarla a ella... y también a su verdadero “yo”. Heather no entendía el significado de esas palabras y pensó que se trataba de una loca. De repente un agudo dolor invadió todo su cuerpo y un sonido extraño zumbaba extremadamente fuerte en su cabeza. Cuando Claudia se fue el dolor y el zumbido desapareció. No podía dejarla ir, así que fue tras sus pasos que llegaban hasta el ascensor. Sin dudarlo lo tomó; esa mujer sabía algo acerca de lo que sucedía y quería sacarle respuestas. Desde que entró en el acensor sintió una sensación extraña. No es que se sintiera mal, pero sentía como si hubiera entrado a un lugar distinto de donde se encontraba.. De repente. Un objeto cayó al suelo. Se trataba de una radio de bolsillo, de color rojo, pero que solo emitía interferencias y ruidos extraños. Por alguna razón que no supo en ese momento, Heather decidió quedársela.



Descenso al Infierno

El ascensor se paró y sus puertas se abrieron. Ahora se encontraba en un espacio bastante pequeño y oscuro. De la nada apareció una criatura delante de ella deforme y con la cabeza inflada, que veía a través de un ventilador. Obviamente, Morris se asustó e intentó salir de allí pero a sus espaldas las puertas del ascensor se cerraron, y a continuación una reja selló definitivamente la puerta. El espacio en el que Heather se encontraba empezó a descender. Durante el descenso, podía ver monstruos a través de los conductos de ventilación; o daba crédito a sus ojos y pensaba que solo podía tratarse de un mal sueño.

Cuando el ascensor se detuvo, la chica se encontraba de nuevo en la primera planta del centro comercial, área de oficinas. Sin embargo todo era distinto. Las paredes, el suelo, el techo.... todo el entorno estaba cubierto de suciedad y óxido, la sangre se hacía omnipresente y la mayor parte del escenario estaba destrozado y la oscuridad predominaba. Ahora habían muchos más monstruos y en ciertos lugares habían cadáveres supuestamente humanos, pero de aspecto muy extraño. También algunas localizaciones habían cambiado. Heather creía volverse loca y pensó que debía salir de ese lugar cuanto antes, sin saber a ciencia cierta si aun se encontraba en el centro comercial.

Por suerte pudo encontrar una linterna de bolsillo en una de las habitaciones que la ayudarían a combatir la oscuridad casi omnipresente. Como pudo, se abrió paso entre los monstruos, y con dificultades pudo llegar al segundo piso, donde pudo contemplar a medias una escena que le resultó muy familiar. En una televisión, pudo escuchar y oír levemente a una niña llamando a su padre, con tono desesperado. Decidió seguir adelante, atravesando un restaurante y una tienda de joyas pudo llegar al tercer piso donde había una escalera, que aunque no parecía muy estable, no tuvo más remedio que tomar.

Cuando llegó abajo del todo, la escalera, como hecho a propósito se quebró, haciendo imposible alcanzarla para volver. Ahora Heather se encotraba en un sitio bastante largo, pero estrecho con 3 aberturas gigantescas en cada lateral. Entonces, a su derecha algo gigantesco salió de una de las aberturas. Era una criatura con aspecto de gusano aunque con una mandíbula no propia de estos animales. Estaba claro que el bicho no tramaba nada bueno respecto a Morris así que decidió que lo mejor será acabar con su vida a pesar de lo aterrorizada que se encontraba. El monstruo seguía unas pautas muy sencillas de predecir, salía de las grietas hacía Heather abriendo la boca con intención de atraparla, así que lo único que tuvo que hacer fue adivinar sus movimientos y asestarle unos cuantos certeros disparos. Cuando logró abatir a la criatura, volvió de nuevo ese zumbido a su cabeza y el entorno volvió a cambiar. De alguna forma todo había vuelto a la normalidad, y el centro comercial estaba otra vez como Morris lo conocía, aunque no había nadie en el.

Desconcertada, se dispuso a abandonar el centro comercial para dirigirse al metro, donde cogería el tren que le llevaba a su barrio. Justo cuando bajaba las escaleras hacia el metro, a sus espaldas apareció Douglas, el detective que antes la había seguido. El se dirigió a Heather y le preguntó que pasaba, pero ella le habló de forma grosera diciéndole que el sabía perfectamente lo que pasaba y que él y Claudia (la persona que creía que había creado todo esto) estaban compinchados. Douglas la conocía pero aun así no entendía nada de lo que ocurría. Morris no quería escucharle, y lo dejó atrás confundido.

Bajó las escaleras y miró el mapa del metro, aunque ella tenía claro cual era su tren, el de Bergen Street, andén 3. El metro también se encontraba desolado, aparte de los monstruos que lo poblaban. Heather tuvo alguna que otra dificultad para llegar a su destino puesto que algunos caminos estaban cerrados por verjas, pero no le costo demasiado llegar al andén 3. Cuando llegó el tren aun no había llegado pero en un extremo del andén encontro una puerta roja. Decidió investigarla, pero estaba cerrada y justo cuando intentó abrirla el sonido de un tren retumbó en sus oídos. Rápidamente, se apartó y su tren llegó. Aunque estaba segura de que en el tren no encontraría nada normal, tenía que subir si quería llegar a casa así que no dudó. Casi al mismo tiempo que entró en el tren las puertas se cerraron tras ella herméticamente. A continuación el tren se puso en marcha. Como era de esperar, no había ni un alma en los vagones aparte de unos cuantos monstruos que Heather derribó sin demasiada dificultad, puesto que eran casi inofensivos. Recorrió hasta el final el tren hasta que paró, dejándole en un sitio desconocido.

Se trataba de un pasaje hacia las alcantarillas. Largos y estrechos pasillos, basura y desperdicios por doquier y un nauseabundo olor era el escenario donde ahora se encontraba la joven. Siguió su camino como pudo, puesto que el escenario era una especie de laberinto. Por su camino encontró varios contenedores de basura y algunas bajadas a alcantarillados, donde encontró un secador de pelo, que aunque no supo por que recogió. Finalmente llegó a una especie de oficina que daba a una escalerilla que llegaba hasta la superficie. En ella, Heather encontró el diario de un trabajador que hablaba sobre un monstruo que habitaba en el tanque de agua que estaba más adelante y de sus compañeros, que habían muerto a causa del monstruo. Morris se dirigió a la habitación contigua y haciendo caso al diario, enchufó el secador de pelo a un enchufe que había en la pared y lo tiró en el agua electrocutando a la criatura. Ya aliviada, subió la escalera metálica dejando atrás el cuerpo sin vida del monstruo.



Vuelta al Hogar... y a los recuerdos olvidados

Por fin lo había conseguido, ahora se hallaba en su barrio. Reconoció enseguida el lugar donde se encontraba. La terraza de lo que era un edificio de oficina; ella sabía que si lo cruzaba llegaría a su casa enseguida. Siguió hasta entrar en el edificio aunque casi todas las plantas estaban bloqueadas extrañamente, así que subió a la ultima que se hallaba en ruinas y aparentemente recientemente había sido habitada por “okupas” ya que había restos de comida, basura e incluso un colchón. En el centro de la planta había una gran brecha pero apenas podía ver nada, así que para evitar riesgos lanzó el colchón a la planta inferior y saltó encima. Ahora se encontraba en una oficina, presumiblemente en la de un director o una persona importante, dada la elegancia y limpieza que tenía. Siguió su camino a través del edificio. No podía definirse concretamente cual era el propósito de la empresa ya que encontró algunas almacenes con maniquíes, ropa e incluso mostradores de cuartos de baño y salones. También encontró una katana (una espada japonesa utilizada por los antiguos guerreros samurai, y que actualmente se usan como un mero objeto significativo, exhibicionista o de adorno, aunque muchos la consideran el arma de corte por excelencia), que no dudó en agenciarse para deshacerse de algunos monstruos sin necesidad de malgastar munición.

De camino a la salida, encontró un cuarto de baño falso (de los que se usan para exponer) donde había una bañera. Sin saber por que, abrió el grifo y de pronto comenzó ese zumbido insoportable de nuevo y todo comenzó a cambiar. Había ocurrido exactamente lo mismo que pasó en el centro comercial. Todo era distinto, todo había cambiado a un ambiente repugnante y de muerte omnipresente. Heather cada vez se sentía más al borde de la locura, acentuándole que todo le resultaba extrañamente familiar, a pesar de que no recordaba haber estado antes en un lugar de estas características. Nuevamente, la estructura del edificio había cambiado y muchas de las entradas y salidas de antes estaban bloqueadas. Además en el primer piso había una enorme criatura, por suerte inmovilizada, pero que le obstruía el paso hacia la salida así que tuvo que seguir sobre sus pasos e investigar más. En el segundo piso en una de las oficinas conoció a un hombre llamado Vincent, un investigador que parecía conocerla a ella y a su padre...Harry. También parecía saber algo sobre Claudia pero el hombre no parecía estar muy sano mentalmente o al menos esa fue la impresión que le causó a Morris. Se sentía decepcionada por que sabía que el estaba asociado con Claudia, la presunta culpable de todo lo que estaba pasando, y cada vez se sentía más sola, solo su padre lo apoyaría y estaría a su lado, no en vano siempre lo había estado, así que decidió dejar atrás a ese tipo y volver a casa cuanto antes. Por su camino encontró una fábula que ya había leido de niña, que trataba sobre como una mujer vencía a un malvado monstruo pronunciando unas palabras mágicas. Ella también las pronunció, y se dispuso a volver al primer piso. Una cosa llamó su atención de sobremanera: a través de un cristal pudo ver una silla de ruedas que le recordaron a algo de su pasado pero las imágenes en su mente eran demasiado borrosas como para darles importancia. Por suerte el monstruo había desaparecido y pudo salir del edificio.

Se encontraba frente al edificio donde vivía con su padre y ya todo parecía estar normal, excepto por el hecho de que en la calle no hubiera ni una persona aunque pensó que como era muy tarde, era lo normal. Agotada, se dirigió a su casa, dejando todo por lo que había pasado atrás. Ya no habían monstruos ni ruidos extraños. Sin embargo esto no la dejaba despreocupada, y quería decirle a su padre que debían irse de allí aunque fuera por un temporada. Ya en su casa, Heather habló con su padre que se encontraba sentado en el sillón y comenzó a explicarle todo lo sucedido, pero a los pocos segundos se dio cuenta de que sus palabras parecía resonar en la pared. Se acercó al sillón, y descubrió horrorizada que el cuerpo de su padre yacía sin vida envuelto en un manto de sangre, con heridas hechas con algún objeto afilado y puntiagudo. El dolor y la rabia invadieron inmediatamente el cuerpo de Heather que se echó a llorar en el regazo de su padre... Harry Mason. Entre sus llantos, divisó como un rastro de sangre se perdía en dirección a las escaleras que daban a la azotea. Llena de ira, las subió rápidamente con la idea de hacer pagar el asesinato de su padre a quien lo había hecho. Allí la encontró de nuevo. Claudia era la responsable de la muerte de su padre aludiendo que lo había hecho como una venganza algo que había ocurrido hace 17 años y que aparte de eso lo había hecho para llenar el corazón de la chica de odio, para que pudiera despertar a su verdadero yo, la que les guiaría a un eterno paraíso sobre la tierra. Heather estaba harta de sus parafernalias proféticas y no por ellas iba a perdonar de ningún modo a Claudia, así que sacó su pistola y le apuntó con ella. A pesar de eso, Claudia no parecía sentir miedo alguno y le aclaró que ella no fue quien mató a su padre, que solo había dado la orden a una criatura parecida a las que ya se había encontrado pero con la peculiaridad de que sus manos acababan en enormes y afiladas cuchillas. La mujer de negro se despidió, y le dijo que la esperaría en el pueblo de Silent Hill.



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